Pienso en la no-violencia,
En la vida breve.
En “Dios que es amor”.
M. Gandi
Se va por caminos ignorados
el tiempo,
en mi mente se dibuja
un árbol ilusorio
un tenue gorjeo brinca entre sus ramas.
En esta soledad inmensa
Los minutos pasan irredentos
se pierden en pasos
los afanes
los niños se hacen hombres
y continúan por igual sendero.
Trasciendan mis murmullos y
de amor los senderos se rebalsen
por difíciles que sean las jornadas
por lejanos que sean los destinos.
Urge el amor del hombre al hombre hermano
a la sombra que del árbol brota
a la efímera flor que al ojo endulza
a la bestia que acaso no ha de serlo.
Que de amor sean los engranajes de la vida
no del trepidar de máquina insensible
que relega a un plano secundario
los humanos sentimientos.
La poesía sobrevive por ventura
y en la brevedad de su osadía
es fuente de luz
para iluminar la vida.
1º. De enero de 2001.
lunes, 16 de noviembre de 2009
ATIZANDO LO QUE SE APAGA
Mi corazón
fue como una roca descomunal
Mis noches pasaban
llenas de estrellas sin resplandor
Las cuencas de mis manos
repletas estaban
de una frialdad de tristezas nocturnas
Ni sangre corriendo
ni estrellas brillando.
—No había como llenar
el vacío cóncavo de mis manos—
palpitaba con dificultad
mi corazón contrito
había algo dentro de mi
que no podía expulsar
Y pensé
las estrellas brillantes de la noche
no retoñarán más dentro a mi
ruego que logren vencer la frialdad
y sus embrujos lleven a mis dedos
una pluma de versos, encendida.
II
Un remoto día
quizás resucite
en mi lecho de palabras
entre pequeñas rosas silvestres.
Sentiré las caricias del viento
y los relámpagos de lo inverosímil
mi cuerpo todo
sacudirá.
Las cuencas de mis manos
de calor se llenarán.
Las antiguos versos silvestres brotarán.
Seré dichoso…
Hasta las piedras florecerán
Guatemala, 21 de Abril de 2008.
fue como una roca descomunal
Mis noches pasaban
llenas de estrellas sin resplandor
Las cuencas de mis manos
repletas estaban
de una frialdad de tristezas nocturnas
Ni sangre corriendo
ni estrellas brillando.
—No había como llenar
el vacío cóncavo de mis manos—
palpitaba con dificultad
mi corazón contrito
había algo dentro de mi
que no podía expulsar
Y pensé
las estrellas brillantes de la noche
no retoñarán más dentro a mi
ruego que logren vencer la frialdad
y sus embrujos lleven a mis dedos
una pluma de versos, encendida.
II
Un remoto día
quizás resucite
en mi lecho de palabras
entre pequeñas rosas silvestres.
Sentiré las caricias del viento
y los relámpagos de lo inverosímil
mi cuerpo todo
sacudirá.
Las cuencas de mis manos
de calor se llenarán.
Las antiguos versos silvestres brotarán.
Seré dichoso…
Hasta las piedras florecerán
Guatemala, 21 de Abril de 2008.
Etiquetas:
POESIA
miércoles, 11 de noviembre de 2009
REGRESO A LA INOCENCIA
I
Tarea para dilatar la vida
Colmó tu gracia infinita, mi niñez de cándida estancia;
Mi otoño transita contigo… aún poesía pervives.
Por todos mis poros, tu enredadera se adhiere:
En sueños profundos, en sueños fugaces.
Talvez tu cima no alcance, acaso no dé tu estatura;
Pero mis ansias ante tu embrujo, se alargan.
Pretendo tu cumbre perfecta, tu magia infinita,
Hasta el instante que se apaguen mis luces.
A veces, mi cielo está despejado,
Los caminos de luceros repletos.
Es increíble ¡La le felicidad me atrapa!
Y en momentos de dolor me inspiro.
Le escribo a la dicha de verme vivo todavía:
Entre la cotidianidad del sol
y el viento que acaricia mis mejillas.
La poesía me conduce por rincones ignorados,
Suave... como entre acordes de un violín.
Le canto a la vida, pensando en la eternidad
La vida me responde, con dicha y adversidad.
Hoy por ejemplo: retorné ilusionado a la inocencia
A buscar los castillos que se esfumaron entre sueños.
Rememoré la muerte que acontece de maneras infinitas.
Y cumple sus funestos designios, siempre cumple,
Mañana seremos, amanecida primavera
O acaso un tumulto de gusanos
Por ello, emocionado justifico la palabra:
Bella tarea para escudriñar la vida
II
En tal virtud:
Acompañaré a el susurro del viento,
Platicaré con las hojas que de resecas se elevan
Volaré con ellas a la ciudad de lo incierto.
Buscaré en la oscuridad de las urbes,
En las tabernas más nauseabundas,
En los claros del tiempo, en los antros siniestros.
Me multiplicaré en los ojos del éter,
Como guijarros, mis perlas de niño
Que al colisionar lanzaban, embriones de fuego.
Tiritaré ante los fríos violentos
Y mis palabras, con voz muy profusa,
Inundarán los suelos polares.
Sudaré en los desiertos violentos,
Mis fluidos, de agua salobre,
Anegarán la arena quemante.
Desenterraré sepultados ideales,
Donde los apelmazó la injusticia,
Allí plantaré, el árbol de la victoria.
Se liberará mi alma, de la roca presa;
No habrá más preludio de letal sorpresa.
Escribo en la plenitud de la noche bella,
Ausente de refulgente estrella.
Busco la virtud con denuedo
En este mundo en el que ruedo y ruedo.
El niño que me acosa hace muchos años
Aparece como un duende en mis delirios.
Las sienes me acaricio
Y la tranquilidad
embrujo del recuerdo maternal
me duerme.
III
Y ahora:
Mi mundo es un mar de dilatada bonanza
Donde naufragan mis naves de penas
Soy un solitario armador de esperanzas
Hoy navegando en tambaleantes navíos
Mis ideas son golondrinas perdidas
Que en raudo vuelo afinan su danza.
De ilusiones se tejen romanzas,
Cuando las estrellas tiritan en el cielo ateridas.
Las luciérnagas, tienen en su ser una luz que es divina
Yo robé albor a una que estaba encendida.
Infancia: Te buscaré, y si no puedo encontrarte,
Imploraré claridad a esa luciérnaga de luz diamantina.
IV
Un Rosario de venturas
Buscaré en ti, mi fuente primigenia de gemidos,
Aquella cuna que dejé en las grandes montañas;
Colocaré amarras a los corceles de la historia
Y recordaré al viento que sopla, mis arrullos;
Buscaré en ti, mi fuente primigenia de gemidos.
De hoy hasta tus hechizos no ha pasado el tiempo
Y viajar a tus bondades es viajar de veras,
Es juntar el sueño con lo que se jacta de imposible
Es atar inicio y final con la fuerza de un anhelo;
De hoy hasta tus hechizos no ha pasado el tiempo.
En tu azul, mi alado pensamiento vuela,
Regresaré travieso de pretéritos ensueños,
Constelación de palabras, barullos infantiles.
Yo poblaré tus ensenadas de versos encendidos;
En tu azul, mi alado pensamiento vuela.
Me gozaré otra vez en tu voz, la voz primera,
¿Cuántas palabras forman mi Rosario de venturas?
¿Cuántos sonidos me prodigaste, estación dorada?
¡Oh! la ventura que tus labios ha tiempo me enseñaron;
Me gozaré otra vez en tu voz, la voz primera.
Reiré y lloraré en tu regazo acurrucado,
No brotan sólo de dolor las lágrimas lejanas
También los regocijos humedecen las entrañas
Y jugar en el sueño de tus laberintos es la dicha;
Reiré y lloraré en tu regazo acurrucado.
Porque tú eres de la eternidad, el claro nombre,
La más fiel prolongación del alma, su reflejo,
Lo que la memoria no abate ni asesina,
Lo insustancial que antes fue sustancia, vida;
Porque tú eres de la eternidad, el claro nombre.
Puse como seña en tus ojos mis luceros,
La fuente de mis asombros iniciales,
La masa dúctil de mis castillos en el aire,
Mi ingenuidad de colocar amarras a la luna;
Puse como seña en tus ojos mis luceros.
Jamás te abandoné pequeña nave de sorpresas,
Urna del tiempo donde guarde mis carcajadas,
Mis sonidos de fantasma, mis grandes travesuras.
Tú eres el mismo barco de mis actuales soledades;
Jamás te abandoné pequeña nave de sorpresas.
En tu versatilidad, se anclaron mis mocedades,
Yo fui un pequeño contrincante de piratas,
El héroe anónimo de febriles aventuras
Quien dominó al mundo, elevando barriletes;
En tu versatilidad, se anclaron mis mocedades.
Es difícil no hablar de pinos, sombras, regocijos,
Yo crecí entre el aroma sin igual de la montaña
Y vuelvo en busca de mis perfumes infantiles.
Exploraré crédulo la cordillera fría que aún recuerdo;
Es difícil no hablar de pinos, sombras, regocijos.
Vida inicial la mía, parecida a todos y a ninguna
La cuerda de mi trompo pudo ser de extraña factoría,
Magia niña confabulada con inventiva inusitada
Que dejó en mi inocencia, sabor a eternidad deseada;
Vida inicial la mía, parecida a todas y a ninguna.
Mis regresos jamás tropezarán con la fatiga,
Hoy ruedo en el tiempo siempre rueda,
Los ejes del amor invirtieron mi lóbrego sendero
Yo imploro volver a mis inicios, como niño ilusionado;
Mis regresos jamás tropezarán con la fatiga.
V
Caricia de vientre abultado
¡Oh! los ojos de Tiburcia
Que vieron brotar de mi madre
Los gemidos
Sus curtidas manos tiernas y amorosas
Cortaron el cordón umbilical a nueva vida
Su voz candorosa y antañona
Tranquilizó los prolíficos dolores.
Su femenina y elevada sombra
De las ansias maternales
La esperanza.
Fue Tiburcia
El bálsamo de sus nueve meses
La cuarentena de eucalipto
La caricia de vientre abultado.
¡Oh Nana cigüeña!
¡Tiburcia, singular partera!
VI
Retoño de poetiza
Anduve tras ella como un crío apeñuscado
Fui dueño de su calor de singular bonanza
De su amor, justa flama para mi templanza,
Del mágico sonido, de su sueño ilusionado.
Sus morenos brazos guardaban inmensa ternura,
En ellos no cabían, las penas, las melancolías
Mi llanto se diluía entre bonancibles poesías
Que de su breve boca, manaban con dulzura.
¡Ah! Mi niñez, de únicos sabores ¡Como ninguna!
Siempre serás conjugación, serás presencia,
Sustancia de sublime evocación, ¡mi santa cuna!
Madre, tú por mi vida cambiaste la existencia,
Gracias por amamantarme bajo la clara luna
Y por propiciar este regreso, a la inocencia.
VII
Recuerdos, deseos y añoranzas
Dentro del pensamiento
Guardo mis recuerdos:
En un baúl de madera bien labrada.
¡Qué más quisiera!
Sino abrir la caja de Pandora que alberga mis tesoros
Allí viven mis recuerdos
Con el cúmulo de años que, silentes sucedieron.
Por ello rebalsa
El ánfora de mis sentimientos ancestrales
y regreso feliz
Allá donde mi alma se solazaba
en la verde estepa .
¡A los bellos rostros!
Cuyas sensuales columnas se vestían de natura,
Inusitado atavío
Que robó matices a la sin par aurora,
Belleza y hermosura
Que era frutal y era arbórea y canora.
Yo deseo trasegar
en el laberinto de ceremoniales cumbres,
En blondos trigales,
que calman las penas del tenaz labriego,
en pinadas verdes
que del prado son sombra y lumbre.
Y sueño de nuevo
Las blancas neblinas y lluvias invernales,
Ellas vuelven a mí
Sobre las alas del tiempo.
Soy germen terreno
La comarca anduve como pródigo hijo,
Por ello proclamo
Los sentimientos que traje un noviembre ya lejano.
Con nítido rocío,
Humedezco los geranios, de belleza abundantes.
Mis inquietos luceros se anegan con frecuencia
Son lágrimas que ruedan por mi cruel porfía,
De querer unir
La bucólica grandeza, con mi sombra delirante.
Y hoy reverente,
ante el embrujo de las frondas
la frente me descubro.
¡Por Dios Todo poder!
Amo los celajes,
aureolas virginales sobre el horizonte,
Los frescos céfiros
que deambulan por el viento como dulces hadas.
Ellos son acicate,
para los sueños que en su plenitud fueron truncados.
Buscaré una empinada,
para otear el claro de la enigmática montaña
donde casi dormía
la escuela de niños, que al compás de los cencerros
gozaban sus cabriolas,
y madrugaban a cazar lecciones
para un mañana promisorio.
Jazmines y rosas
de corazón despercudido,
infantiles risas de los curvos cerros.
¡Oh! gritos escolares
Que propician indefectible regreso
a los azules montes
desde el rancho viejo
que aterró mis inocentes mocedades
hasta el rumbo lírico
donde las sendas marcaban destinos casi inciertos.
Fui joven preceptor.
Mi pedagógicos pasos en la sin igual comarca,
Fueron andares que heredé
de la madre de mi madre y luego de la madre mía.
Escuela rural y campestree
donde finalicé mis adolescentes pasos,
yo era un mozuelo
el bigote no me despuntaba con sus terrenos bríos,
lo que no fue razón
para continuar
lecciones de solidaridad por mi bebidas
cuando feliz trasegué
entre el arrullo maternal y el reptar cristalino de los ríos.
Montaña vetusta
Espérame donde la semilla crece, e ilusionado quise hacer:
De mi pueblo, una patria grande.
VIII
Al final
Y en este atardecer sombrío
Que hoy, por si acaso, vivo
Un niño inconsolable llora, llora quizás de hastío
—¿Por qué lloras pequeño?, con la mirada inquiero.
El infante arrecia su angelical chillido
Tras cristalino líquido que de los ojos brota
Pareciera responderme entre lágrimas, el crío:
—¿Por qué? Si usted no entiende ni jota.
El llanto incomprendido del pequeñuelo
Dilata mis claras evocaciones;
El cielo luce como percudido pañuelo,
Amenazan las lluvias, vendrán más emociones.
Llora el niño travieso— la magia del cielo talvez le aterra—
Viene la primavera, la lluvia al desprenderse no cesará,
¿Le asustan las gotas?, ¿el granizo que aguijonea la tierra?
Por eso en su llanto, es posible, implora las caricias de mamá.
De pronto se llena el día de variadas ilusiones
Lluvia y niño son regalía que alienta las almas cantoras
Y conducen la soledad a grandes evocaciones
Como el beso paternal que se recibe al despuntar la aurora.
¡Oh! Mis recuerdos que bellos, que bellos
Son como agua que reverdece la llanura;
Rauda corriente, ve y socorre los vertederos
Has de los pichones trinos, violines de dulzura
La barca tambaleante de mi poesía
El tiempo que inclemente nos lleva, surcará
Y mi sombra de hombre-travesía
Entre niños y lluvia acaso perdurará.
Espero crecer con los últimos y tintes ocasos
Hasta que el secreto recuerdo sea una eternidad
entre las estrellas rutilantes del cosmos
Que del cielo, con su titilar, son claridad
.
Y entre mi vanidad de ilusionado poeta sin un ápice de paz,
Sé muy bien: lo que hoy brilla, mañana el tiempo opacará
Por eso bulle el alma mía, se me enciende la faz,
Y acongojado recuerdo, el dulce canto de mamá.
Guatemala, 26 de Abril de 2008.
ESTE ES EL PRIMER POEMA DE MI NUEVO LIBRO "Palabras para dar Vida"
Tarea para dilatar la vida
Colmó tu gracia infinita, mi niñez de cándida estancia;
Mi otoño transita contigo… aún poesía pervives.
Por todos mis poros, tu enredadera se adhiere:
En sueños profundos, en sueños fugaces.
Talvez tu cima no alcance, acaso no dé tu estatura;
Pero mis ansias ante tu embrujo, se alargan.
Pretendo tu cumbre perfecta, tu magia infinita,
Hasta el instante que se apaguen mis luces.
A veces, mi cielo está despejado,
Los caminos de luceros repletos.
Es increíble ¡La le felicidad me atrapa!
Y en momentos de dolor me inspiro.
Le escribo a la dicha de verme vivo todavía:
Entre la cotidianidad del sol
y el viento que acaricia mis mejillas.
La poesía me conduce por rincones ignorados,
Suave... como entre acordes de un violín.
Le canto a la vida, pensando en la eternidad
La vida me responde, con dicha y adversidad.
Hoy por ejemplo: retorné ilusionado a la inocencia
A buscar los castillos que se esfumaron entre sueños.
Rememoré la muerte que acontece de maneras infinitas.
Y cumple sus funestos designios, siempre cumple,
Mañana seremos, amanecida primavera
O acaso un tumulto de gusanos
Por ello, emocionado justifico la palabra:
Bella tarea para escudriñar la vida
II
En tal virtud:
Acompañaré a el susurro del viento,
Platicaré con las hojas que de resecas se elevan
Volaré con ellas a la ciudad de lo incierto.
Buscaré en la oscuridad de las urbes,
En las tabernas más nauseabundas,
En los claros del tiempo, en los antros siniestros.
Me multiplicaré en los ojos del éter,
Como guijarros, mis perlas de niño
Que al colisionar lanzaban, embriones de fuego.
Tiritaré ante los fríos violentos
Y mis palabras, con voz muy profusa,
Inundarán los suelos polares.
Sudaré en los desiertos violentos,
Mis fluidos, de agua salobre,
Anegarán la arena quemante.
Desenterraré sepultados ideales,
Donde los apelmazó la injusticia,
Allí plantaré, el árbol de la victoria.
Se liberará mi alma, de la roca presa;
No habrá más preludio de letal sorpresa.
Escribo en la plenitud de la noche bella,
Ausente de refulgente estrella.
Busco la virtud con denuedo
En este mundo en el que ruedo y ruedo.
El niño que me acosa hace muchos años
Aparece como un duende en mis delirios.
Las sienes me acaricio
Y la tranquilidad
embrujo del recuerdo maternal
me duerme.
III
Y ahora:
Mi mundo es un mar de dilatada bonanza
Donde naufragan mis naves de penas
Soy un solitario armador de esperanzas
Hoy navegando en tambaleantes navíos
Mis ideas son golondrinas perdidas
Que en raudo vuelo afinan su danza.
De ilusiones se tejen romanzas,
Cuando las estrellas tiritan en el cielo ateridas.
Las luciérnagas, tienen en su ser una luz que es divina
Yo robé albor a una que estaba encendida.
Infancia: Te buscaré, y si no puedo encontrarte,
Imploraré claridad a esa luciérnaga de luz diamantina.
IV
Un Rosario de venturas
Buscaré en ti, mi fuente primigenia de gemidos,
Aquella cuna que dejé en las grandes montañas;
Colocaré amarras a los corceles de la historia
Y recordaré al viento que sopla, mis arrullos;
Buscaré en ti, mi fuente primigenia de gemidos.
De hoy hasta tus hechizos no ha pasado el tiempo
Y viajar a tus bondades es viajar de veras,
Es juntar el sueño con lo que se jacta de imposible
Es atar inicio y final con la fuerza de un anhelo;
De hoy hasta tus hechizos no ha pasado el tiempo.
En tu azul, mi alado pensamiento vuela,
Regresaré travieso de pretéritos ensueños,
Constelación de palabras, barullos infantiles.
Yo poblaré tus ensenadas de versos encendidos;
En tu azul, mi alado pensamiento vuela.
Me gozaré otra vez en tu voz, la voz primera,
¿Cuántas palabras forman mi Rosario de venturas?
¿Cuántos sonidos me prodigaste, estación dorada?
¡Oh! la ventura que tus labios ha tiempo me enseñaron;
Me gozaré otra vez en tu voz, la voz primera.
Reiré y lloraré en tu regazo acurrucado,
No brotan sólo de dolor las lágrimas lejanas
También los regocijos humedecen las entrañas
Y jugar en el sueño de tus laberintos es la dicha;
Reiré y lloraré en tu regazo acurrucado.
Porque tú eres de la eternidad, el claro nombre,
La más fiel prolongación del alma, su reflejo,
Lo que la memoria no abate ni asesina,
Lo insustancial que antes fue sustancia, vida;
Porque tú eres de la eternidad, el claro nombre.
Puse como seña en tus ojos mis luceros,
La fuente de mis asombros iniciales,
La masa dúctil de mis castillos en el aire,
Mi ingenuidad de colocar amarras a la luna;
Puse como seña en tus ojos mis luceros.
Jamás te abandoné pequeña nave de sorpresas,
Urna del tiempo donde guarde mis carcajadas,
Mis sonidos de fantasma, mis grandes travesuras.
Tú eres el mismo barco de mis actuales soledades;
Jamás te abandoné pequeña nave de sorpresas.
En tu versatilidad, se anclaron mis mocedades,
Yo fui un pequeño contrincante de piratas,
El héroe anónimo de febriles aventuras
Quien dominó al mundo, elevando barriletes;
En tu versatilidad, se anclaron mis mocedades.
Es difícil no hablar de pinos, sombras, regocijos,
Yo crecí entre el aroma sin igual de la montaña
Y vuelvo en busca de mis perfumes infantiles.
Exploraré crédulo la cordillera fría que aún recuerdo;
Es difícil no hablar de pinos, sombras, regocijos.
Vida inicial la mía, parecida a todos y a ninguna
La cuerda de mi trompo pudo ser de extraña factoría,
Magia niña confabulada con inventiva inusitada
Que dejó en mi inocencia, sabor a eternidad deseada;
Vida inicial la mía, parecida a todas y a ninguna.
Mis regresos jamás tropezarán con la fatiga,
Hoy ruedo en el tiempo siempre rueda,
Los ejes del amor invirtieron mi lóbrego sendero
Yo imploro volver a mis inicios, como niño ilusionado;
Mis regresos jamás tropezarán con la fatiga.
V
Caricia de vientre abultado
¡Oh! los ojos de Tiburcia
Que vieron brotar de mi madre
Los gemidos
Sus curtidas manos tiernas y amorosas
Cortaron el cordón umbilical a nueva vida
Su voz candorosa y antañona
Tranquilizó los prolíficos dolores.
Su femenina y elevada sombra
De las ansias maternales
La esperanza.
Fue Tiburcia
El bálsamo de sus nueve meses
La cuarentena de eucalipto
La caricia de vientre abultado.
¡Oh Nana cigüeña!
¡Tiburcia, singular partera!
VI
Retoño de poetiza
Anduve tras ella como un crío apeñuscado
Fui dueño de su calor de singular bonanza
De su amor, justa flama para mi templanza,
Del mágico sonido, de su sueño ilusionado.
Sus morenos brazos guardaban inmensa ternura,
En ellos no cabían, las penas, las melancolías
Mi llanto se diluía entre bonancibles poesías
Que de su breve boca, manaban con dulzura.
¡Ah! Mi niñez, de únicos sabores ¡Como ninguna!
Siempre serás conjugación, serás presencia,
Sustancia de sublime evocación, ¡mi santa cuna!
Madre, tú por mi vida cambiaste la existencia,
Gracias por amamantarme bajo la clara luna
Y por propiciar este regreso, a la inocencia.
VII
Recuerdos, deseos y añoranzas
Dentro del pensamiento
Guardo mis recuerdos:
En un baúl de madera bien labrada.
¡Qué más quisiera!
Sino abrir la caja de Pandora que alberga mis tesoros
Allí viven mis recuerdos
Con el cúmulo de años que, silentes sucedieron.
Por ello rebalsa
El ánfora de mis sentimientos ancestrales
y regreso feliz
Allá donde mi alma se solazaba
en la verde estepa .
¡A los bellos rostros!
Cuyas sensuales columnas se vestían de natura,
Inusitado atavío
Que robó matices a la sin par aurora,
Belleza y hermosura
Que era frutal y era arbórea y canora.
Yo deseo trasegar
en el laberinto de ceremoniales cumbres,
En blondos trigales,
que calman las penas del tenaz labriego,
en pinadas verdes
que del prado son sombra y lumbre.
Y sueño de nuevo
Las blancas neblinas y lluvias invernales,
Ellas vuelven a mí
Sobre las alas del tiempo.
Soy germen terreno
La comarca anduve como pródigo hijo,
Por ello proclamo
Los sentimientos que traje un noviembre ya lejano.
Con nítido rocío,
Humedezco los geranios, de belleza abundantes.
Mis inquietos luceros se anegan con frecuencia
Son lágrimas que ruedan por mi cruel porfía,
De querer unir
La bucólica grandeza, con mi sombra delirante.
Y hoy reverente,
ante el embrujo de las frondas
la frente me descubro.
¡Por Dios Todo poder!
Amo los celajes,
aureolas virginales sobre el horizonte,
Los frescos céfiros
que deambulan por el viento como dulces hadas.
Ellos son acicate,
para los sueños que en su plenitud fueron truncados.
Buscaré una empinada,
para otear el claro de la enigmática montaña
donde casi dormía
la escuela de niños, que al compás de los cencerros
gozaban sus cabriolas,
y madrugaban a cazar lecciones
para un mañana promisorio.
Jazmines y rosas
de corazón despercudido,
infantiles risas de los curvos cerros.
¡Oh! gritos escolares
Que propician indefectible regreso
a los azules montes
desde el rancho viejo
que aterró mis inocentes mocedades
hasta el rumbo lírico
donde las sendas marcaban destinos casi inciertos.
Fui joven preceptor.
Mi pedagógicos pasos en la sin igual comarca,
Fueron andares que heredé
de la madre de mi madre y luego de la madre mía.
Escuela rural y campestree
donde finalicé mis adolescentes pasos,
yo era un mozuelo
el bigote no me despuntaba con sus terrenos bríos,
lo que no fue razón
para continuar
lecciones de solidaridad por mi bebidas
cuando feliz trasegué
entre el arrullo maternal y el reptar cristalino de los ríos.
Montaña vetusta
Espérame donde la semilla crece, e ilusionado quise hacer:
De mi pueblo, una patria grande.
VIII
Al final
Y en este atardecer sombrío
Que hoy, por si acaso, vivo
Un niño inconsolable llora, llora quizás de hastío
—¿Por qué lloras pequeño?, con la mirada inquiero.
El infante arrecia su angelical chillido
Tras cristalino líquido que de los ojos brota
Pareciera responderme entre lágrimas, el crío:
—¿Por qué? Si usted no entiende ni jota.
El llanto incomprendido del pequeñuelo
Dilata mis claras evocaciones;
El cielo luce como percudido pañuelo,
Amenazan las lluvias, vendrán más emociones.
Llora el niño travieso— la magia del cielo talvez le aterra—
Viene la primavera, la lluvia al desprenderse no cesará,
¿Le asustan las gotas?, ¿el granizo que aguijonea la tierra?
Por eso en su llanto, es posible, implora las caricias de mamá.
De pronto se llena el día de variadas ilusiones
Lluvia y niño son regalía que alienta las almas cantoras
Y conducen la soledad a grandes evocaciones
Como el beso paternal que se recibe al despuntar la aurora.
¡Oh! Mis recuerdos que bellos, que bellos
Son como agua que reverdece la llanura;
Rauda corriente, ve y socorre los vertederos
Has de los pichones trinos, violines de dulzura
La barca tambaleante de mi poesía
El tiempo que inclemente nos lleva, surcará
Y mi sombra de hombre-travesía
Entre niños y lluvia acaso perdurará.
Espero crecer con los últimos y tintes ocasos
Hasta que el secreto recuerdo sea una eternidad
entre las estrellas rutilantes del cosmos
Que del cielo, con su titilar, son claridad
.
Y entre mi vanidad de ilusionado poeta sin un ápice de paz,
Sé muy bien: lo que hoy brilla, mañana el tiempo opacará
Por eso bulle el alma mía, se me enciende la faz,
Y acongojado recuerdo, el dulce canto de mamá.
Guatemala, 26 de Abril de 2008.
ESTE ES EL PRIMER POEMA DE MI NUEVO LIBRO "Palabras para dar Vida"
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